Los deportes alternativos y su importancia en la sociedad

deportes alternativos

Dentro del mundo del deporte y más concretamente del Ocio y el Tiempo Libre, podemos encontrar los deportes alternativos, esos deportes que fomentan la cooperación y buscan la igualdad de oportunidades entre todos sus participantes, buscando como fin último la máxima participación y disfrute de cualquier usuario. ¿Pero dónde y cuándo nacen en nuestro país los deportes alternativos? En España comienza a surgir esta nueva corriente en los seminarios de INEF de los años 90, cuando el profesor José Luis Hernández Vázquez comenzó a impartir cursos en los que hablaba de este tipo de deportes y los denominaba deportes del año 2000 (Barnechea, 2010). Debido al gran desconocimiento por parte de los docentes de la época, la falsa creencia del escaso valor educativo (Ferreres, 2004) son algunos de los factores que determinaran su tardía aparición en el currículum de educación física en España. Y es que en esa década se estaba empezando a aplicar este tipo de deportes en diferentes centros docentes del país y, debido al rotundo e inesperado éxito que se obtuvo, se comenzó a expandir rápidamente esta nueva concepción de deporte diferente a la que se conocía y que hemos estado definiendo en puntos anteriores.

Todas las definiciones de deportes alternativos siguen una misma idea, compartiendo un nexo en común y haciendo hincapié en aspectos como la participación, desarrollo de
valores, mínima importancia al resultado competitivo, material novedoso (Fierro, Haro y
García, 2016). El concepto deporte alternativo abarca un gran espectro de actividades
cooperativas, lúdicas, recreativas, competitivas con un sentido innovador y vanguardista (Barnechea, 2010), y sobre todo inclusivas, participativas e igualitarias. El apellido alternativo es utilizado para distinguirlo de los deportes convencionales o mayoritarios, por lo que estas actividades físicas adquieren un sentido de modernidad, innovación y vanguardismo (Alcalá y Castañeda 2007; Virosta, 1994).

Virosta (1994) y Barnechea (2010) afirman que todos los deportes alternativos deberían
tener todas las características que aquí se exponen a continuación:

• Novedad
• Carácter recreativo
• Facilidad para emplear y construir los implementos con materiales reciclables
• Adaptabilidad a los diversos espacios y situaciones
• Polivalencia de espacios para ser jugados
• Carácter no sexista
• Bajo riesgo de lesión
• Reglas no muy complicadas y de fácil comprensión
• Facilidad de practicar y aprender sus habilidades básicas 

Según Velázquez y Martínez (1994), además de lo mencionado anteriormente, también proporcionan:

• Una enseñanza como fuente de placer
• Alternativas para que todos consigan el éxito
• Ausencia o escasez de reglas que fomenten la creatividad, lo lúdico
• Buena acogida por parte de todos sus participantes
• Incitación al descubrimiento y la investigación, a resolver problemas y conflictos y a una gran creatividad
• Son fáciles de aprender y se desarrollan habilidades tras cortos espacios de práctica

Los deportes alternativos pues, son una solución, un cambio, una vía de escape a los deportes tradicionales que son muy populares en nuestro país y se han consagrado gracias a la práctica y a los medios de comunicación. Sin embargo, son productos de la sociedad que se han mantenido practicando en las escuelas hasta llegar a un punto en que se han convertido en poco motivantes para la nueva generación de estudiantes, alumnos que se han vuelto conformistas con todo lo que les rodea y que están deseosos de encontrar experiencias nuevas que les inquieten y les saquen de su zona de confort
(Alcaraz y Maraver, 2008).

Tras largos años de implantación, y ya con una base científica establecida y unos resultados visibles, se puede decir que los deportes alternativos han tenido un éxito rotundo en las escuelas y centros docentes, ya que es fácil ver jugar a la gente en la calle al frisbee, al ultimate, al bádminton, al diábolo, a las indiacas o a las palas, gente de todas las edades y en cualquier lugar (Barnechea, 2010). Pero no solo se ve en las calles, cada vez más docentes de Educación Física incluyen este tipo de deportes en sus unidades didácticas, ya sean más innovadores o tradicionales, pero el comienzo está ahí, el primer paso ya se ha dado.

Dentro de los posibles deportes alternativos ya establecidos (porque recordemos que los deportes alternativos nacen de la innovación, la creatividad, de juntar características de diferentes deportes para crear algo totalmente diferente y nuevo), podemos encontrar: bótebol, indiaca, ultimate, fútbol gaélico, paladós, bódibol, rebotón, ultimabola, unihockey, mazabola, ringored, manodós, ringopica, balonkorf, vórteball, bolpa, volantón, bola cola, tchoukball, kickball o beisbolpié, boomerang, bola Z, rana, la pita, sackball o el kinball, entre muchísimos otros como describe Martínez Gómez (1995).

Son numeroso los valores que se pueden lograr transmitir a través de la práctica deportiva en general, y más en concreto de la práctica de deportes alternativos específicos. El deporte, conlleva una serie de valores muy fuertes y poderosos y en numerosas ocasiones contradictorios.

Es evidente que el deporte es considerado un instrumento educativo y socializador fundamental (Giménez, 2002; Hernández; 2005; Zulaika, 2005), pero el carácter formativo que se le atribuye no es algo que se produzca gracias a su simple aplicación, ya que es necesario desarrollar propuestas que incluyan líneas de acción concretas que permitan que el deporte desarrolle realmente ese potencial, ya que si la mayoría de las escuelas poseen en su currículum los típicos deportes que se mantienen año tras año, permaneciendo inalterables e incuestionables a los ojos de la mayoría de profesores y profesoras, su enseñanza se reduce a un conjunto de tareas motrices aisladas no significativas (Cabrera, 2006; Monjas, Ponce y Gea, 2015). Y es que el deporte por sí solo no educa. Es importante tener una mentalidad crítica y cuestionar esta idea. El deporte no educa por sí mismo y eso hay que tenerlo siempre claro y
presente, y es ahí donde la figura del profesor, formador, monitor, aparece y se engrandece, ya que éste, como programador de actividades físico-deportivas, las orienta de manera que el alumno, practicante, reciba esa formación en valores básica para contribuir a la mejora de una sociedad democrática (Monjas, et al., 2015).

La Educación Física, por su relación con el deporte escolar, debe promover los valores que el deporte debe y puede desarrollar. Las prácticas que se organicen entorno a la Educación Física deben buscar el desarrollo integral del alumno, el desarrollo del cuerpo y la mente, la autoestima, el sentido ético y moral, la responsabilidad, la autonomía, la superación, la relación y aceptación de los demás, aceptación de las normas, cooperación, responsabilidad, etc. (Llamas y Suárez, 2004). Podemos considerar la educación en valores a través del deporte como el proceso sistemático, pluridimensional, intencional e integrado que garantiza la formación y el desarrollo de la personalidad consciente; se concreta a través de lo curricular, extracurricular y en todos los ámbitos de la vida (Monjas, et al., 2015).

Los valores que se deben potenciar durante la práctica de actividad física y deportiva dentro de la educación física son: el respeto a las reglas, el juego limpio, la integración, la participación conjunta de chicos y chicas, el carácter no competitivo y la interrelación positiva de convivencia, la solidaridad, la tolerancia, la igualdad de oportunidades, la atención a la diversidad entre otros. Reiteramos así la íntima relación de los valores escolares con los valores sociales, pero también la necesidad de comprometerse en una posición activa que avance en los procesos de igualdad de oportunidades, equidad y calidad (Prat, 2003).

Sin embargo, un valor como tal, no se puede enseñar, más bien se adquiere. Los profesores de Educación Física, entrenadores, monitores y formadores en general deben promover, deben desarrollar, deben conseguir que los alumnos adquieran dichos valores que mencionábamos anteriormente; pero muchas veces nos centramos en explicar un valor, en mostrar un tipo de valor, en poner ejemplos de valores. Cuando se piensa que formar y desarrollar valores sigue el mismo proceso que la adquisición de conocimientos y habilidades entonces nos equivocamos (Ercilla y Tejeda, 1999), ya que el hecho de que un profesor explique a un alumno la igualdad no significa que ese alumno en su vida vaya a ser igualitario en sus decisiones o en su forma de actuar. ¿Es que no conoce dicho valor? Claro que lo conoce, el problema es que no ha desarrollado dicho valor en su forma de pensar y no lo ha adherido a su forma de actuar.

Los valores no son pues el resultado de una comprensión y, mucho menos de una información pasiva, es algo más complejo y multilateral. Se trata de la relación entre la realidad objetiva y los componentes de la personalidad, lo que se expresa a través de conductas y comportamientos. Por lo tanto, solo se puede educar en valores a través de actividades de valoración y reflexión en la actividad práctica con un significado y conocimiento asumido (Ercilla y Tejeda, 1999). Es por ello que la Educación Física y el Ocio y Tiempo Libre, es tan buen vehículo para la transmisión y formación en valores, mediante los deportes alternativos.

 

PROFESOR: Jorge Ibarra

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